Al otro día de apuntarlo lo llevamos y empezamos con una dura adaptación.
En la guarde son flexibles para esto, me dejaron quedarme toda la mañana durante la primera semana, pero un día tuve que empezar a dejarlo gradualmente, porque al fin y al cabo ¡tengo que trabajar! y el primer día se pasó los 40 minutos que me fui, llorando, gritando y pateando la puerta.
El segundo día solo 20 minutos gritando… y se pasó un rato jugando. Y así de a poco empezó a quedarse mejor, algunos días triste pero más relajado, hasta que estos últimos días se está quedando sin llorar.
Ahora viene la segunda fase, que es quedarse a comer, para que cuando se acostumbre lo podamos dejar todo el día.
Ha sido duro para ambos, pero… hay que trabajar girls! y mientras pude quedarme con él lo hice, y me siento muy orgullosa de ello.
La semana que viene os cuento como fue pasar a todo el día.
Hasta luego!